DavidBC
56 años HombrePalafrugell (Girona)
Se unió a mubis el 27 Enero 2026
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11 comentarios
Spielberg sí que manipula, y lo hace a conciencia, dando rienda suelta a su gusto por el gore y sobresaltando y sobretensionando con varios falsos desenlaces secuenciales que sobran -como sobra cierto subrayado en rojo-, sin olvidar que no deja de medirse con Kapó, de Pontecorvo, y El puente, de Wicki -aunque de esto no te das cuenta cuando la ves la primera vez con catorce o quince años, claro-. Parcial y con un mensaje que genera escepticismo más que unanimidad, en resumen.
La de Polanski es muy tibia y aséptica, con un look digital y una ambientación pobre que la deja fuera de juego nada más empezar. Y la de Benigni me da igual: la debí ver una vez y tuve claro desde el principio que no puedes dejar una historia así en manos de un director con tan pocas habilidades. Es una italianada estrambótica y ya.
Ah, y Shoah, como complemento a estas películas, yo creo que debes verla.
Eso sí, son más de 10 horas de metraje!! Jejejejejeje
Pero es un documento excepcional sobre lo que fue el Holocausto.
Con testigos de primera mano de lo que se vivió allí. Desde prisioneros de campos de concentración a los mismos verdugos que activaban las cámaras de gas.
Yo la tengo en una edición DVD que lleva subtítulos en español.
Sinceramente, DavidBC, me gusta mucho más tu reflexión y análisis, muy bien ponderado, que la película de Benigni...jejejejeje
Y, por mi parte, te animo que hagas más posts así. Sean o no inspirados en posts míos (bueno, si mis posts te inspiran mucho mejor!! Jejejejej), y abrir éste debate y diálogo, del que yo creo que nos enriquecemos y ampliados miradas y puntos de vista.
Muchas gracias compañero!! :))
Ahhh y estoy de acuerdo contigo que si El pianista hubiese sido estrenada antes que la lista de Schindler habría tenido más efecto. Creo que una complementa a la otra El pianista desde el punto de vista del individuo y la lista de Schindler desde el colectivo
Gracias por comentar compañeros.
Alfonso me alegra que el post te haya hecho querer revisionar El pianista.
Cushing no he visto el documental Shoah, así que me lo apunto por si lo puedo ver por algún lado. Entiendo tu postura sobre la Vida es Bella pero yo la elegí expresamente por esa diferencia de como tratar el holocausto y creo que la vid es bella es una película mucho más profunda de lo que uno ve en pantalla y que te hace reflexionar.
Sin ir más lejos la podríamos comparar con Interstellar de Nolan.
Aquí te comparto mi reflexión personal sobre este vínculo, analizando cómo ambos padres enfrentan el fin del mundo para proteger lo más sagrado que tienen.
1. El sacrificio de la presencia frente al sacrificio de la verdad
Como padre, lo primero que me golpea es la naturaleza del sacrificio que cada uno elige. En Interstellar, el dolor de Cooper es físico y temporal. Para salvar a su hija Murphy, tiene que abandonarla. Es la paradoja más desgarradora que puedo imaginar: dejar de ser parte de la vida de tu hijo para asegurarte de que tenga una vida que vivir. Cada vez que Cooper ve los mensajes de vídeo y observa a sus hijos envejecer mientras él sigue atrapado en la relatividad del tiempo, siento ese nudo en la garganta al entender que su protección tiene el precio de la ausencia.
Por el contrario, en La Vida es Bella, el sacrificio de Guido es psicológico y vital. Él no se va; se queda físicamente al lado de Giosuè, pero decide "abandonar" la realidad compartida para proteger la psique del niño. Mientras Cooper lucha contra las leyes de la física para volver, Guido lucha contra la lógica del horror para que este no entre en la cabeza de su hijo. Su sacrificio no es la distancia, sino el agotamiento inhumano de mantener una mentira perfecta, una actuación constante de alegría, mientras el mundo real a su alrededor huele a muerte y barro.
2. La mentira como herramienta de salvación
Me resulta fascinante cómo ambos utilizan la distorsión de la realidad para preservar la infancia, que es, al fin y al cabo, el territorio que todo padre intenta blindar. Guido es el maestro de la mentira piadosa; convierte el Holocausto en un juego de puntos y recompensas, convenciendo a Giosuè de que cada humillación es solo una regla más para ganar un tanque de guerra. Es una mentira que requiere una voluntad de hierro: sonreír cuando tienes hambre, reír cuando tienes miedo.
En el caso de Cooper, la mentira es más sutil pero igual de necesaria. Aunque él intenta ser honesto con Murphy, la misión misma se apoya en la esperanza de un regreso que, científicamente, es casi imposible. Ambos padres entienden que la verdad cruda a veces es un peso que un niño no puede cargar. Entienden que, para que un hijo sobreviva con el espíritu intacto, el padre debe construir una narrativa, un escudo de palabras que mantenga el asombro vivo incluso cuando el cielo se cae o los muros del campo se cierran.
3. El legado de los "fantasmas del futuro"
Hay una frase en Interstellar que siempre me persigue: "Los padres somos los fantasmas del futuro de nuestros hijos". En la obra de Nolan, esto es una realidad física. Cooper se convierte literalmente en ese "fantasma" detrás de la estantería, intentando comunicarse desde otra dimensión para guiar a Murphy. Su amor se transforma en gravedad, en datos binarios, en una fuerza que trasciende el tiempo para darle a su hija las herramientas para salvarse a sí misma.
Guido, en cambio, se convierte en un fantasma de alegría. Su legado no es una ecuación física, sino un recuerdo imborrable de resiliencia. Cuando Guido marcha hacia su ejecución haciendo el paso del ganso para que su hijo lo vea desde el escondite y no sospeche el final, está sellando su papel de protector eterno. Al final, cuando el tanque real aparece frente a Giosuè, la mentira de Guido se materializa y se convierte en la verdad del niño. En ambos casos, me queda claro que el trabajo de un padre no termina con su presencia física; nuestro amor es la fuerza invisible que seguirá guiando a nuestros hijos mucho después de que hayamos dejado de estar a su lado.
PD: Me encantan estos debates de post a post porque lo único que hacen es enriquecer.
Si me lo permites, no descarto abrir más debates de este tipo de comparativas a partir de post que tú hagas
Puñetero corrector: "espectaculizar algo como el Holocausto", quería decir.
A ver si Mubis da la opción de poder editar...jejeejje
Me encanta este "diálogo" de posts, DavidBC!!
Que mi post te haya servido para darte la idea de este tuyo, que es excelente, y que hace reflexionar y abrir debate.
Pero yo creo que aquí habría que incluir, tratándose del Holocausto judío, la Obra más magna y monumental sobre el tema: "Shoah" de Claude Lanzman.
A propósito de Lanzman, este criticó muy duramente a Spielberg (y con un poso de razón, a mí juicio), por "espectacular" algo como lo que fue el Holocausto.
Y en ése aspecto se le tiraron muchos a la yugular a Spielberg. Y yo mismo revisé hace poco esta Obra Maestra, y sí que considero que a veces se deja llevar por cierto sentimentalismo, como el final, con Schindler llorando por no haber podido salvar a más judíos. Resulta redundante, a mí juicio.
Pero ya digo que a mí La lista de Schindler me parece una Obra Maestra de dirección cinematográfica.
En cuanto a El pianista, he reflexionado sobre lo que me dijiste ayer, y sobre lo que has escrito hoy. Y es muy interesante.
Pero no me hace dejar de pensar que, esta película, si la hubiera filmado Polanski antes de La lista de Schindler, habría tenido más efecto.
Y escenas como la del anciano en silla de ruedas lanzado por el balcón, o la del nazi ejecutando de un tiro en la cabeza a judíos en el suelo, hasta que se le encasquilla la pistola, para, y la vuelve a poner bien y acaba de ejecutar a uno que se había quedado mirando. No me impacta porque Spielberg ya me había mostrado situaciones así, y rodado con su maestría y manejo de la tensión.
Sí que hay una mirada polanskiana en todo el relato, la "claustrofobia del apartamento", o apartamentos donde se tiene que esconder el personaje de Adrien Brody.
Sigo pensando que no es la Obra Maestra que muchos nos quisieron vender, por muchos Oscars que ganara.
Y en cuanto a La vida es bella, yo lo siento pero no puedo con la manipulación sentimental que hace Roberto Benigni (por cierto, dónde está éste hombre??) en esta película.
Y pensar que incluso le dieron el Oscar a Mejor actor....lo siento, pero en mi opinión, NO.
Y acabo como he empezado, reivindicando "Shoah" como la película definitiva sobre el Holocausto (sí, es documental, pero qué pedazo de Monumento de documental es!!).
Lo dicho, magnífico post, compañero, que dialoga y abre debate.
Enhorabuena!!
Peliculones las tres. La que mejor recuerdo es La Lista de Schindler, que hace que no la veo, pero las otras dos son muy buenas también.
Ahhh
Y ahora me apetece ver otra vez el pianista que hace tiempo no la veo, así que ya tengo plan para el finde
Pues si
3 maneras de ver el holocausto judío.
De las tres para mi la mejor forma de ver es la de Spielberg, no se, más creíble, más documental.
La de Polanski también me gusta, pero no creo que sea más dura que la de Spielberg.
Y la que me is me gusta aunque considero una buena peli es la de Roberto,o siento pero hacer comicidad sobre algo tan duro no le pega, no se, me echa un poco para atrás.
Gran post david
A raíz del post de ayer del compañero Cushing donde hacía referencia a la lista de Schindler y el pianista, me dio un idea para exponer mi punto de vista sobre tres películas que tratan en holocausto y esa mancha oscura en la historia de la humanidad.
La lista de Schindler, El pianista y la Vida es bella tocan el mismo tema de tres maneras muy diferentes pero con nexo de unión innegable: el horror y la crueldad.
Analizar estas tres películas es, para mí, un ejercicio de equilibrio emocional. Aunque las tres orbitan alrededor del mismo agujero negro de la historia, cada una decide mirar hacia un lugar distinto: al héroe inesperado, al hombre que se desvanece en las sombras o al padre que decide que el horror no tiene derecho a tocar el alma de su hijo.
Para lograr esto, los directores no solo se apoyaron en guiones brillantes, sino en un uso técnico de la cámara y la música que dicta cómo debemos procesar el dolor.
La Lista de Schindler: La épica de la redención y la urgencia del testigo
Cuando veo la obra de Spielberg, lo primero que me impacta es su peso institucional. Rodada en un blanco y negro de alto contraste, la película parece extraída de los archivos de la memoria colectiva. Spielberg abandonó gran parte de su estilo habitual de movimientos fluidos para adoptar un lenguaje de urgencia. En las escenas más duras, como la liquidación del gueto, utilizó cámaras en mano en un 40% del metraje, obligándome a estar allí, como un testigo impotente ante una cámara que tiembla y pierde el foco.
Esa crudeza visual se eleva gracias a la partitura de John Williams. Al escuchar ese violín solista, siento que no se intenta manipular mis sentimientos, sino canalizar el luto de todo un pueblo. Es una música que "llora" técnicamente, con intervalos que imitan el cansancio de los perseguidos. Mientras la cámara nos muestra la burocracia del mal, Williams nos recuerda la humanidad individual, creando un equilibrio entre el reportaje de guerra y la elegía cinematográfica.
El Pianista: La soledad del superviviente y el observador invisible
La visión de Roman Polanski me resulta mucho más perturbadora por su frialdad. Aquí la supervivencia no es un acto heroico, sino una mezcla de azar y voluntad. Polanski, que vivió el horror en primera persona, evita el dramatismo excesivo y prefiere los planos fijos. A menudo, sitúa la cámara a la altura de los ojos de Szpilman, pero nos convierte en observadores pasivos a través de ventanas o grietas, recordándome que el protagonista es un fantasma en su propia ciudad.
En este vacío de soledad, la música de Chopin actúa como el oxígeno. No es un fondo emocional, es un personaje diegético: la música suena porque Szpilman la necesita para seguir siendo humano. Cuando toca con los dedos entumecidos frente al oficial alemán, la dirección de Polanski se vuelve casi clínica, dejando que la pieza musical llene el espacio que la guerra ha vaciado. Es la victoria de la civilización sobre la barbarie capturada en un encuadre desolado.
La Vida es Bella: El triunfo de la voluntad y la geometría de la fábula
Finalmente, la película de Roberto Benigni me ofrece una contradicción necesaria. Es un cuento que se atreve a usar el humor como escudo. Para que esto funcione sin ser irrespetuoso, Benigni utiliza una puesta en escena muy teatral y geométrica. En el campo de concentración, los encuadres son rígidos y opresivos, pero Guido rompe esa rigidez con su movimiento corporal errático. Me fascina cómo usa la profundidad de campo para mantener el horror real en un "segundo plano" borroso mientras en primer plano Guido construye su mentira piadosa.
La banda sonora de Nicola Piovani es el motor de esta farsa. Con melodías saltarinas y optimistas, Piovani nos obliga a ver el mundo a través de los ojos del niño. Si la música fuera oscura, la fábula se caería; en cambio, el ritmo juguetón contrasta cruelmente con lo que sabemos que está ocurriendo fuera de plano. Es una lección sobre la dignidad humana: la música y la imaginación como herramientas de resistencia política.
Al unir estas tres visiones, comprendo que la técnica cinematográfica es una declaración ética. Spielberg utiliza la cámara en mano y el violín para denunciar; Polanski usa el plano fijo y a Chopin para testificar; y Benigni utiliza la geometría y la opereta para proteger. Cada una, a su manera, logra que el silencio de la historia no tenga la última palabra.
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